La violencia de pareja entre adolescentes: la importancia de prevenir

La violencia de pareja es un fenómeno universal que, a pesar de que históricamente no se le ha dado la importancia que merece, se ha configurado como uno de los problemas más graves de la sociedad actual. Esta violencia se ha caracterizado por una clara invisibilidad en la que se han minimizado sus efectos, sin embargo, no sólo existe sino que, además, está arraigada socioculturalmente y no entiende de razas, orientación sexual, estatus socioeconómico o lugar de residencia.

La literatura existente sobre la violencia de género en parejas adolescentes es relativamente reciente y, a pesar de que en los últimos años ha cobrado gran importancia, los estudios acerca de esta problemática siguen siendo más escasos que aquellos basados en la violencia marital. Sin embargo, investigar este tipo de violencia en parejas jóvenes para intentar atajarla se torna una tarea imprescindible ya que en esta etapa de especial vulnerabilidad, transición y cambios, los comportamientos violentos pueden instaurarse de forma gradual en función del compromiso que vayan adquiriendo los miembros de la pareja, convirtiéndose en un claro precursor de la violencia de género en la etapa adulta y, con ello, en un serio problema de salud pública.

La violencia en las relaciones de noviazgo carece de una definición unánime entre los investigadores. No obstante, una definición que muestra un mayor consenso es la siguiente: “todo acto o ataque intencional de tipo físico, psicológico o sexual de un miembro de la pareja contra el otro en una relación romántica en la que no existe vínculo legal ni cohabitación”.

La violencia de pareja se extiende a lo largo de un continuo, iniciándose generalmente con abusos verbales hasta incluir, en algunos casos, formas más graves como agresiones sexuales e incluso el asesinato. Así pues, la violencia puede expresarse de diferentes maneras y, principalmente, se clasifica en tres tipos: físico, psicológico y sexual. La violencia física debido a su visibilidad es la más estudiada, sin embargo la violencia psicológica y sexual producen consecuencias de igual o mayor gravedad.

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Distorsiones Cognitivas

Las distorsiones cognitivas son aquellas creencias que mantenemos como verdaderas a pesar de carecer de una evidencia real y datos observables, es decir, no se apoyan en hechos basados en la realidad sino en cómo pensamos, percibimos, interpretamos y valoramos esa realidad. Dicho de otra manera, son aquellas maneras erróneas que tenemos de procesar e  interpretar la información de nuestro alrededor. Estas distorsiones o creencias irreales son disfuncionales en nuestro día a día dificultando tanto nuestras relaciones interpersonales como alcanzar nuestras metas y propósitos. Interiorizar estas creencias supone experimentar emociones negativas que conllevan a un malestar que, en ocasiones, puede llegar a ser muy intenso y persistente en el tiempo.

Estas creencias distorsionadas pasan a formar parte de nuestra estructura cognitiva influyéndonos en cómo nos sentimos y en cómo actuamos, e incluso, a veces, en nuestras sensaciones físicas. Esto se debe a que lo que pensamos y creemos, nuestras interpretaciones de las cosas, influye a nivel emocional y conductual. Así pues, la solución radica en la mayoría de los casos en realizar una reestructuración cognitiva, esto es, identificar y cuestionar los pensamientos desadaptativos y sustituirlos por otros más apropiados y realistas.

Es importante, también tener en cuenta que ciertos pensamientos son automáticos e involuntarios y pueden pasar desapercibidos debido a que son habituales en la persona escapándose de una atención más consciente. Sin embargo, con esfuerzo podemos saber qué pensamientos automáticos tenemos y si son negativos o positivos. Cada pensamiento automático parten de una creencia irracional, por lo que es fundamental indagar hasta conocer qué pensamiento desadaptativo tenemos para, a posteriori, poder cuestionarlo y modificarlo, si es necesario.

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La carta de despedida: el DUELO

A lo largo de nuestra vida se van produciendo diversas pérdidas que tenemos que afrontar, aunque no todas las experimentamos de la misma manera ni interfieren en nuestra vida cotidiana del mismo modo. No obstante, toda pérdida (muerte de un ser querido o un animal al que tengamos afecto, pérdida de un objeto significativo, pérdida de un amor o amistad, etc.) pasa por un proceso de duelo que es importante elaborar adecuadamente. Así pues, el duelo es algo por el que pasamos todos y que, además, es necesario. Decir “adiós” a una persona con la que estamos emocionalmente vinculados es difícil y no siempre se consigue adecuadamente. No obstante, por lo general, la mayoría de personas no presenta problemas para elaborar y superar el proceso del duelo que consta de cinco fases propuestas por Kübler-Ross:

  1. Negación. En esta primera fase, no admitimos la pérdida del ser querido y actuamos como si no hubiera ocurrido tal situación. Es un mecanismo de defensa ante una realidad que no quieremos aceptar y que es evidente para los demás.
  2. Ira. La negación es sustituida por la ira y el resentimiento que van dirigidos al fallecido, a nosotros mismos, a las personas más cercanas a nosotros. Este enojo se vivencia con culpabilidad por lo que, posteriormente, surge el dolor, el llanto, la culpa, la vergüenza…
  3. Negociación. Se caracteriza por enfocarnos en lo que podríamos haber hecho para evitar la pérdida y no hicimos. En esta etapa nace la necesidad de llegar a un acuerdo con los demás para que nos ayude a superar el duelo.
  4. Depresión. Es un estado generalmente transitorio que nos prepara para aceptar la realidad de la pérdida. En esta fase se empieza a comprender la certeza real de la muerte y toma protagonismo un profundo dolor y tristeza así como el aislamiento social.
  5. Aceptación. Superadas el resto de fases, nos permitimos una oportunidad de vivir y sentirnos más tranquilos a pesar de la ausencia de nuestro ser querido. Se trata de aprender a convivir con nuestra pérdida y la rutina diaria vuelve a tomar riendas en nuestro día a día.

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Creencia irracional de exigencia o “debería”: preferir en lugar de exigir.

Mantener la atención en cómo uno mismo, los demás o las cosas deberían ser o actuar nos aleja de aceptar la realidad tal cual es. Es decir, asumir la realidad relacionándola con continuas exigencias supone encerrarnos en un modo de percibir y pensar inflexible lo que, a su vez, nos lleva a comportarnos de acuerdo a unas reglas estrictas autoimpuestas que tanto nosotros mismos como los demás debemos cumplir, ya que creemos que estas normas son lógicas, correctas e indiscutibles. De no ser así, se ponen en marcha pensamientos negativos y (auto)críticas hacia quienes quebrantan la norma dando lugar a una baja autoestima, ansiedad, conflictos con los demás, etc.

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¿Qué es el Trastorno de Ansiedad por Separación?

Cuando hablamos de que un niño presenta un Trastorno de Ansiedad por Separación nos referimos a que el menor manifiesta una ansiedad elevada e inapropiada respecto a su nivel de desarrollo evolutivo, y tiene lugar cuando se produce la separación del hogar o de las figuras de apego, normalmente los padres. Estamos ante un niño que rehúsa a estar solo, insiste en dormir con sus padres, se niega a pasar la noche fuera de casa, tiene con frecuencia pesadillas acerca de ser abandonado, se muestra reacio a ir a la escuela, se resiste a jugar con sus amigos si no es en su casa, etc. Además, es común que presente afecciones somáticas como: temblores, sudoración, cefaleas, dolor de estómago o vómitos. Esta ansiedad también puede experimentarla con el hecho de anticipar o imaginarse estar lejos de sus padres. Este trastorno puede interferir negativamente en su rendimiento académico así como en las relaciones con sus iguales (jugar con los demás niños o participar en actividades o deportes si están fuera del hogar o sin sus padres).

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¿Realizar un cambio? ¡Da el paso!

Hay quienes no dan el paso de realizar un cambio en sus vidas, aunque sea necesario, por la incertidumbre que les crea. El temor al no saber qué pasará o si será la mejor opción obstaculiza, en ocasiones, dar ese paso que quizás pueda beneficiarnos en un determinado momento. Aunque a veces no sea sencillo merece la pena. Piénsalo, valóralo y…¡adelante!

  1. ¿Qué quieres cambiar exáctamente? Piénsalo.
  2. Sopesa los pros y contras de ese cambio.
  3. Analiza el modo de realizarlo.
  4. ¿Te merece la pena? Ponlo en marcha.

– Piénsalo, valóralo y…¡adelante! –

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