¿Por qué cuando escuchamos repetidamente una canción, nos gusta más? Efecto de la mera exposición

Esta canción que, al principio, no me terminaba de convencer, después de escucharla varias veces me encanta” o “no está mal la canción pero necesito escucharla más veces” y termina por gustarte, ¿alguna vez te has encontrado en esta situación?

Aquí se produce el llamado efecto de la mera exposición” o efecto Zajonc”, propuesto por el psicólogo social Robert Zajonc (1968). ¿A qué se refiere este fenómeno psicológico?

Zajonc señalaba que la exposición repetida a un estímulo nuevo, que inicialmente es neutro o positivo, es suficiente para que incrementemos nuestra preferencia y actitud positiva hacia el mismo. De ahí que cuando escuchamos una canción y nuestra reacción ante ésta es neutra (ni nos gusta ni nos disgusta), si la escuchamos repetidamente varias veces al día, aumentará nuestra disposición a que esa canción nos termine gustando. Por el contrario, si el estímulo inicial (en este caso la canción) nos resulta negativo (no nos gusta la canción), la repetición de éste empeorará, posiblemente, nuestra respuesta hacia dicho estímulo.

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EL MUNDO DE LAS EMOCIONES

El mundo de las emociones es un tema complejo. Las personas estamos continuamente manifestando emociones en nuestra vida diaria, que nos predisponen a realizar una determinada acción. Generalmente, las emociones involucran un conjunto de pensamientos, actitudes y creencias sobre el mundo que nos lleva a valorar una situación, influyendo en la manera en la que percibimos la misma. Por tanto, se puede decir que las emociones son como impulsos que, en última instancia, nos empuja y motivan a actuar ante una situación concreta. Por ejemplo, si sentimos miedo cuando estamos conduciendo, aminoramos la velocidad o si nos dan una buena noticia saltamos de alegría y llamamos a nuestros amigos para celebrarlo.

 ¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

“Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción hasta que intenta definirla; en ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla”, Wenger, Jones y Jones.

Definir el concepto de emoción resulta complicado y no existe unanimidad entre los distintos investigadores de la Psicología de la Emoción. Sin embargo, parece haber acuerdo en que la emoción es un estado afectivo que conlleva una reacción subjetiva, influida por la experiencia previa, ante determinados estímulos internos o externos, reales o imaginarios. Además, las emociones producen una serie de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos), de ahí que también se definan las emociones como reacciones psicofisiológicas. Sigue leyendo

Ilusiones ópticas: no todo lo que percibimos es el reflejo de la realidad

Nuestra manera de percibir las cosas es singular y subjetiva. El cerebro se encarga de procesar la información del mundo externo y de interpretarla dotando de significado lo que percibimos. Sin embargo, esto no indica que tengamos que ver siempre el fiel reflejo de la realidad. Es decir, nuestras interpretaciones están construidas a partir de la información previa que tengamos almacenada en nuestro cerebro, y éste puede engañarnos ya que trata de dar coherencia y lógica a todo aquello que estamos percibiendo. A veces, la información puede ser reemplazada o eliminada si va en contra de nuestra lógica, o bien completada si la información está incompleta. Estas interpretaciones pueden dar lugar a las llamadas “ilusiones ópticas”, que son efectos de una percepción visual de imágenes que son falsas o erróneas. El cerebro va completando escenas visuales o imágenes asumiendo tamaños, fondos y frentes, distancias, movimientos… con el fin de que parezca un todo coherente para nosotros. Además, esto se procesa de manera automática por lo que escapa de nuestra conciencia. Sigue leyendo

Propósitos de Año Nuevo: cómo evitar abandonarlos en el camino

Se aproxima el comienzo de año y es el momento en el que empezamos a repasar cómo nos ha ido en estos doce meses: ¿hemos conseguido nuestros objetivos?, ¿nos sentimos satisfechos?, ¿me ha faltado algo por lograr? Miramos con lupa cada logro conseguido y aquello que hemos dejado en el camino. Nos fijamos a lo largo del año varias metas, pero no siempre el resultado es el esperado, es decir, a veces no conseguimos alcanzar nuestros objetivos. Esto, si ocurre de manera puntual,  es probable que no le demos mucha importancia y sigamos hacia delante con motivación. En cambio, si no satisfacemos nuestros propósitos, porque surgen dificultades que no sabemos manejar, y esto se da con cierta frecuencia en nuestra vida, es posible que terminemos por abandonar esa meta y experimentemos una gran frustración que, a su vez, repercute en nuestra autoestima.

Por ello, es importante darnos cuenta de nuestros avances y retrocesos, de aquello que hemos logrado y lo que no ha sido posible. Un ejercicio que te propongo para ello es el siguiente: dibuja en un papel una balanza con un lado positivo y otro negativo. En el lado positivo,  escribe aquellos logros que has conseguido en este año (por ejemplo: empezar a hacer ejercicio físico, apuntarse a clase de inglés, conciliarte con algún ser querido, etc.) y, en el lado negativo, las metas iniciales que no han tenido lugar (por ejemplo: dejar de fumar, ponerte a dieta, sacar mejor nota en matemáticas, ser más detallista con tu pareja, etc.). Siéntete orgulloso de lo que has logrado y prémiate por ello. En cuanto a las metas que no has conseguido, te animo a que averigues el motivo pues, conociendo la verdadera razón de ello, te ayudará a saber qué tienes que modificar o mejorar para conseguir tu propósito. Empieza por analizar lo siguiente: ¿era una meta realista y alcanzable?, ¿realmente te motivaba?, ¿te esforzaste lo suficiente?, ¿qué impidió o dificultó lograr tu objetivo? Sigue leyendo

Aprender a ser asertivo

La comunicación es algo inherente al ser humano, por ello, a menudo estamos interaccionando con otras personas e intercambiamos información e ideas, opinamos, expresamos cómo nos sentimos de una manera u otra. Es fundamental a la hora de comunicarnos que haya coherencia entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos, esto da armonía y credibilidad al mensaje que pretendemos transmitir. Cada persona tenemos nuestra propia forma de comunicarnos con los demás, y en ella juega un papel importante tanto los pensamientos que surgen en cada situación concreta y las creencias propias que tengamos arraigadas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo en general, como la influencia del ambiente (entorno familiar, social, cultura, generaciones, etc.).  Por tanto, cabe la posibilidad de que nuestro estilo comunicativo no siempre sea el más adecuado.

Existen tres maneras de comunicarnos: estilo agresivo, estilo pasivo y estilo asertivo. Este último estilo se considera el más apropiado y con el que podemos alcanzar nuestros objetivos adecuadamente. Pero… ¿qué es la asertividad?

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